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RODOLFO JOSE LORENZO, IN MEMORIAN
“Así que algunos sueñan con la Justicia.
… con la victoria sobre el dolor y la amargura sueñan
combaten caen vuelven a combatir
por una valerosa verdad.
Esto pasa todos los días.”
Juan Gelman, Sucesos.
Un testimonio del encuentro, la militancia
política, y la amistad.
Con Rodolfo, el “Gallego”, nos encontramos en la ciudad de La Plata en 1974. El había llegado uno o dos años antes y ya estaba avanzado en la carrera de Abogacía, mi situación era distinta, recién llegado a la ciudad, apenas comenzaba a cursar las primeras materias. Militábamos en la Juventud Universitaria Peronista (JUP), en la agrupación de la Facultad de Ciencias Jurídicas, una de las mas importantes, y numerosa, de la Universidad.
Eran tiempos difíciles, los largos años de violencia e intolerancia política iniciados con el derrocamiento del gobierno popular de Juan Domingo Perón, en 1955, estaban dejando su impronta indeleble en ese período de reconstrucción. Un breve período iniciado a partir de la victoria electoral del 11 de marzo de 1973, que significó la recuperación de la soberanía popular y la democracia tras largos años de dictaduras y proscripciones.
El 1º de julio de 1974, la muerte del General Perón conmovió a la gran mayoría del pueblo argentino, y significó el fin de una etapa clave de la historia nacional contemporánea. Si esos ecos aún resuenan por estos días . . . ¿cómo explicar hoy, cómo transmitir la dimensión, el tremendo impacto, el dolor, la incertidumbre, que nos provocó ese suceso a los jóvenes peronistas?.
Poco después, el gobierno bajo la influencia decisiva del ministro José López Rega intervino de la Universidad, y cerró el comedor universitario. La permanencia en la ciudad, y en la Facultad, se nos hizo mucho mas difícil a los estudiantes que proveníamos de familias de trabajadores; pero todavía las cosas iban a empeorar, en agosto la Alianza Anticomunista Argentina (AAA), y otros grupos paramilitares y parapoliciales produjeron una escalada de asesinatos, secuestros y allanamientos muchas de cuyas víctimas fueron estudiantes; luego, el 6 de noviembre la presidente Isabel Martínez de Perón dispuso el estado de sitio en todo el país, el que luego fue continuado por la dictadura desde el 24 de marzo de 1976.
Aún así, con la democracia restringida y con la represión creciendo, con el gobierno abocado a la persecución de las voces críticas de sus políticas, buscando silenciarlas con la cárcel, el temor, y aún la muerte, continuamos militando buscando organizar, y movilizar, al movimiento estudiantil platense, en tanto parte de las luchas de los trabajadores y el Pueblo.
La participación en las elecciones de los Centros de Estudiantes de todas las Facultades nos permitió un fuerte salto de representatividad, y al año siguiente, con el Movimiento Azul y Blanco, la agrupación gremial que la JUP conformó con otros grupos afines, fuimos mayoría en la Federación Universitaria de La Plata (FULP), y por primera vez su conducción estuvo a cargo de un peronista, un compañero, Daniel Di Nella (“el Pascua”) fue su Presidente.
En esos meses, ya pasadas las movilizaciones obreras y populares del llamado Rodrigazo, en el segundo semestre de 1975, Rodolfo como candidato a presidente del Centro de Estudiantes de Derecho, fue un protagonista de esos hechos, lo cual le implicó también una muy alta exposición, y una situación de riesgo personal concreta, dadas las circunstancias represivas del contexto político y social, y aún dentro de los propios claustros universitarios.
Durante esos breves meses se forjó nuestra amistad. Ambos nos vimos forzados a mudarnos, y coincidimos en la casa de pensión que, por entonces, estaba en la calle 5 entre 56 y 57, frente al predio del Automóvil Club. La habitación era muy pequeña, pero nuestras convicciones, nuestro compromiso muy firmes, y la solidaridad enorme. Recuerdo de esos días, su alegría permanente, su gran generosidad, también algún asado, con picado en la Plaza Belgrano incluído.
Luego llegaría el verano del 76, y, a partir del 24 de marzo, la puesta en marcha del plan genocida de la dictadura oligárquica y militar conducida por Videla, Massera y Martínez de Hoz. Recién pudimos reencontramos hacia fin de año, quizá a mediados de diciembre, y compartimos una cena en un boliche del barrio de Flores, de la Capital Federal, junto al Nene (Enrique Sierra) y “Anteojito” (Lucía Tartaglia). Ellos habían logrado eludir la cacería humana que la dictadura desplegó en La Plata, y sobrevivían forzados a la clandestinidad. Todos, de una manera u otra participábamos de la resistencia popular al régimen. Teníamos entre 21 y 23 años, fue la última vez que nos vimos.
Veinte años después, cuando organizamos el homenaje de Memoria y Compromiso, en la Facultad, nos encontramos con Marcia, su compañera, y Maria Victoria, su hija, y heredera de la alegría de su sonrisa. Allì tambien estuvieron presentes entre otros Néstor Kirchner y Cristina Fernandez de Kirchner.
Con ellas, y con todos los compañeros, seguimos honrando su memoria, reclamando justicia, y reivindicando su presencia, todos los días.
In memorian.
Rodolfo, el “Gallego”, fue uno de los nuestros. Un querido compañero que, como tantos, como todos nosotros, los jóvenes peronistas de los 70, soñó, y luchó por una Patria Justa, Libre y Soberana.
Soñó, y luchó por la victoria sobre la injusticia social, sobre el dolor y la amargura.
Soñó, y luchó por la victoria de los trabajadores y el Pueblo en nuestra Patria.
Soñó, y luchó, con coraje y generosidad, por una valerosa verdad.
Compartimos esos sueños y esas luchas, y lo seguimos haciendo, siempre.
A 30 años de su secuestro y desaparición, su ejemplo, su presencia, nos guía en la lucha por la Verdad y la Justicia, y por una Patria Justa, para todos.
Esto pasa todos los días.
La Plata, enero de 2007
Néstor Lafleur.
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